Cumbres de S. Bartolomé mantiene a lo largo del tiempo la impronta de aquel que tiene a pedir de boca sus vecinos Extremadura y Portugal.

El cielo aquí extenso se abre en estos lugares como un dilatado horizonte y aún parece escucharse por los caminos el trajín del contrabando. En sus rancios y ensimismados cortijos se respira aún lo añejo de estos contornos y pacen los rebaños como si en un tiempo lejano se hallasen. Calma y sosiego.

Y entre sus antiguas calles, Cumbres de San Bartolomé luce coqueto, como si de una alhaja se tratase, su airoso y desafiante castillo. Inmerso éste entre un paisaje cubierto de encendidas encinas y recios olivos que recuerdan los tiempos ya pasados